lunes, 26 de marzo de 2012

La huelga del monopoli

Ropa, pomadas y pescado. Es lo único que reclamaban los peones egipcios de Ramsés III en la considerada primera huelga de la Historia. Miles de años después, el Movimiento Obrero surgía en Inglaterra para solucionar las miserables condiciones de vida de la población mayoritaria. El derecho a la Huelga se aprobaba en 1864.

En la Inglaterra de los pasados 80 era convocada una huelga general de calado internacional porque Margaret Thatcher pretendía acabar con los logros obreros sociales conseguidos hasta el momento. Su política liberal buscaba la desregularización financiera, la flexibilización del mercado laboral, la privatización de empresas públicas y la reducción del poder de los sindicatos.
La dama de hierro declaraba: "Tuvimos que luchar contra el enemigo exterior en las Malvinas. Siempre tenemos que ponernos a salvo del enemigo interior, mucho más peligroso, difícil de batir y nocivo para la libertad".
          La pretendida libertad de Thatcher dejaba sin industria al pueblo británico

Hoy, en España, nos dicen que debemos aceptar con resignación las medidas coyunturales necesarias para combatir la crisis. Una recesión de la que además pretenden hacernos los culpables por haber firmado unas usureras hipotecas que deberemos seguir pagando aunque nos quiten las viviendas; por habernos atrevido a tener teles de plasma; y por todas las recetas médicas que pidieron nuestros aburridos jubilados.

Claro, mejor eso que no hablar de los timos conchabados de las agencias de calificación, el casino internacional apoyado por las grandes instituciones financieras y políticas, los grandes especuladores, el multimillonario fraude fiscal, el despilfarro de la clase política o los saqueos a las arcas del Estado.

Los derechos para todos los individuos van a ser borrados de un plumazo junto a miles de años de conquistas sociales y más de un -ya no- intocable precepto constitucional. Jornadas de 8 horas, salario mínimo interprofesional, prestaciones por desempleo, horas extraordinarias y vacaciones pagadas, permiso por maternidad, indemnización por despido, negociación colectiva, derecho a la educación y acceso gratuito a la sanidad. Todo será una entelequia si dejamos que gane la partida una política que prima los desmesurados privilegios de unos pocos.
Pero hay muchos que piensan que la cosa no va con ellos. Y que, habiendo otros a los que explotar, no serán ellos los que se vean como los peones que construían las pirámides, como los suicidas tras el Crack del 29, las clases humildes tras la guerra civil  o los millones de semiesclavos que sigue habiendo en tantos países. Trabajando todo el día sin derechos ni seguros para que los vendidos políticos, los usureros financieros, los desalmados empresarios y la corruptela judicial sigan jugando al monopoli con nuestras vidas.

 
Un libro para la huelga: Las uvas de la Ira, de John Steinbeck

Una canción para la huelga: La paloma de la paz, de Chicho Sánchez-Ferlosio



Una película para la huelga: La huelga, de Eisenstein

 

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